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El 15 de diciembre de 2013, el Ciclón, con apenas una igualdad como visitante ante Vélez sin abrir el marcador y gracias al empate en Rosario de NOB y Lanús, obtuvo el Torneo Inicial 2013, duodécima consagración en el profesionalismo para los de Boedo, que volvieron a celebrar después de seis años de abstinencia. Con 33 puntos se convirtió en el campeón con menor puntaje en un torneo corto. Ser regular entre los irregulares, tener una idea de juego, amor propio y estabilidad institucional se convirtieron en las claves del logro.
15 de Diciembre de 2017
Autor:
Daniel Zea

San Lorenzo llegó a la última fecha del campeonato dependiendo de sí mismo con dos resultados a su favor: un triunfo le aseguraba el título y un empate también se lo daba si NOB y Lanús, ambos a una unidad, también igualaban. Enfrente tendría a un Vélez Sársfield también con posibilidades de campeonar, si vencía al Ciclón e igualaban en Rosario, a dos unidades.

San Lorenzo de Almagro se coronó sin ganar, empató con Vélez sin goles en el estadio José Amalfitani y la igualdad en Rosario (2 a 2) le permitió gritar campeón. Leandro Romagnoli, capitán y símbolo del Ciclón, fue el encargado de levantar la "Copa Miguel Benicio Sánchez" del torneo "Nietos recuperados" a poco más de un año y medio de mantener la categoría, luego de vencer en la promoción a Instituto.

San Lorenzo y Vélez se jugaban el campeonato frente a frente, pero salió un partido cerrado, lleno de imprecisiones en el cual ninguno de los dos pudo hacer la diferencia y casi no hubo situaciones de gol, sólo esa impresionante atajada de Torrico a Allone a dos minutos del final, que muchos dijeron que tuvo que ver con la ayuda divina llegada como consecuencia de tener desde abril un Papa cuervo como cabeza del Vaticano.

La formación de los dirigidos por Juan Antonio Pizzi en aquel encuentro fue: Sebastián Torrico; Julio Buffarini, Mauro Cetto, Santiago Gentiletti, Walter Kannemann; Néstor Ortigoza, Juan Mercier; Atilio Romagnoli, Ángel Correa, Ignacio Piatti; Alan Ruiz.

Al plantel lo completaron: Cristian Álvarez, Germán Voboril, Gonzalo Prósperi,  Enzo Kalinski, Martín Cauteruccio, Héctor Villalba, Fernando Elizari, Ezequiel Mastrolía, Rodrigo Contreras, Emmanuel Más, Salvador Reynoso, Juan Ignacio Cavallaro, Pablo Alvarado, Matías Catalán, Fabricio Fontanini y Gonzalo Verón.

San Lorenzo fue campeón gracias una idea de juego impuesta por su entrenador Juan Antonio Pizzi: de ser protagonistas ante cualquier rival y en cualquier cancha. Todo ello apuntalado en una buena generación de juveniles surgidos de su propia cantera, que tuvo a Ángel Correa y a Héctor Villalba como emblemas, recibiendo el apoyo de Romagnoli, Mercier y Torrico, referentes dentro del vestuario y de la cancha, junto a Ignacio Piatti que, con 8 goles, fue el máximo anotador y figura del equipo aportando su capacidad en la generación de juego y en la red. 

El Ciclón, con este título cerró un gran año, el del Papa Francisco que llegó con el sueño del regreso a Boedo más vivo que nunca gracias a ley aprobada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, que autorizó la expropiación de los terrenos de Boedo, para volver a su barrio y recobrar su identidad, con una institución que logró salir del pozo.

 

 

 

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