SEGUINOS
21 de Diciembre de 2016
Autor:
Claudio Morrone
Edición:
Gustavo Albonico

Hace un tiempo ya comencé a tener un sueño recurrente. Me encontraba
caminando desde mi vieja casa de la calle Zelarrayán hacia el Viejo Gasómetro.
Todo comenzó cuando escuché a Sergio Rotondo decir: “Hay que volver a Boedo”. Me pareció una locura. La nueva cancha tenía pocos años y muchos títulos.
En mi sueño, nunca llegaba a cruzar Avenida La Plata.
Con el tiempo hasta casi que me acostumbré a convivir con ese sueño.
Y entonces surgió la Sub-comisión del Hincha, con Res a la cabeza, con mucha gente detrás. Ahí me di cuenta que éramos muchos los que soñábamos. Y mi sueño comenzó a cambiar.
Me largaba a cruzar la vieja empedrada, todavía con las vías del antiguo tranvía, pero no llegaba al otro lado.
El movimiento del retorno dejó de ser una panacea y comenzaron a subirse los políticos de turno. Copamos la Legislatura, inundamos Perú y Diagonal Sur. Y la vieja Manzana de las Luces sólo brilló en azulgrana.
Y entonces comenzamos a vislumbrar los portones del Templo, el escudo con luces, las paredes azulceleste.
Una dirigencia verdaderamente popular, sin distinción de partidos, ¡el Pueblo Sanlorencista!, que compró metros interminables con grandes sacrificios, el
milagro de Plaza de Mayo, cien mil personas en la Rosada, ¡Adolfo parecía Perón!!!
Y llegó el día, 14 de diciembre de 2016, Volvimos.
Y ya no desperté, salí de casa, pero no solo. Venía mi viejo, mi primo Norberto. Adelante, como siempre mi abuelo, siempre temprano, como si todavía jugase la Tercera, la Reserva y la Primera.
Y en el camino se empezaron a sumar todos, desde el Gordo Minutella, los Mellizos, el Mudo. Todos. Adelante como siempre, nadie se atrevía a pasarlo, el Rengo Álvarez, con Poli, Madera, el Oso, Cacho Papasso, Milanesa, el Gallego
Emilio, y tantos que ya no me dejan ver.
Pasó por las puertas del Cielo y veo la Intendencia y Gualco en su volada eterna. Ahí nomás me abaraja Cota y me como el primer reto. ¡Qué viejo lindo!
Me voy para debajo de la tribuna. ¡Qué nenes juegan por favor! El patito Mulet, Albertito Grecco, los Pérez, Tramita, Alfredito que me regala un “hijito de Dios!” y sigue dibujando con la zurda, el Tano Maletti. Son todos cracks con la
pulpo.
Me vuelvo para el lado del boliche, seguro que los grandes están jugando al billar, porque tenías que usar pantalón largo, ¡eh! Unos metro más y el hall donde esperábamos a los jugadores para llevarles el bolsito.
Los veo a todos, bah, a los míos, porque seguramente mi viejo ve al Bambi y a Coco Rossi; mi abuelo a Farro, Pontoni, Martino. Pero yo estoy con el Sapo, con Telch, con el Gringo. Irusta, siempre de negro nos deja acompañarlo para Inclán.
En el camino, la pileta, majestuosa, con el trampolín y los que hacían facha.
¿Sabían que Oscar Trama hacía saltos ornamentales? Los Marzicano de “bañeros”, y la vida disfrutada al máximo.
Enfrente, el Palacio San Martín, con la eterna batalla de la Independencia reflejada en el sacrificio del Negro Cabral.
Y más próceres. Belli, Cassettai, Trama, Pacheco, Lanzilotta, Perroni, Perales, hacedores de Catedrales, inmortales.
Hay tanto por recorrer, el bowling, Tiro, Pelota paleta, Yudo, Pesas, Boxeo, no termino más.
Salgo por debajo del Sector Bidegain, tan Blanco como siempre y me siento en el sector niños, donde siempre, a dejar que me abracen los colores santos que
bajan de las tribunas.
No me quiero despertar más…

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